Sobre esta pared ajada me desplazo lentamente, deshabitando los viejos fantasmas, sintiendo presencias que necesitan un cuerpo vibratil para ser vistas.Me adorno de negro, el color de las tristezas enamoradas y respiro historias que me llevan a este sótano del alma.
Los límites del sueño y de la creación, siempre imprecisos, me ayudan a desplazarme entre dos mundos, ambos invisibles para tí y tan reales para ella, el fantasma de los espacios marchitos y yo.

